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768 pages, Kindle Edition
First published February 26, 2019
“Ella tenía cuatro años cuando un escuadrón de las PAC entró en su pueblo, en plena región maya, buscando insurgentes comunistas. Rabiosos al no encontrarlos, agarraron a los campesinos, calentaron cables al fuego y se los metieron al rojo vivo por la garganta. Obligaron a las mujeres a prepararles el desayuno y a mirar mientras ordenaban a padres matar a sus hijos y a hijos matar a sus padres. A los que se negaban los rociaban con gasolina y los prendían fuego. Luego violaron a las mujeres. Cuando acabaron con las mujeres, empezaron con las niñas.�En el comentario al segundo de los tomos, «El cártel», me quejaba de que la parte de culpa que el autor reservaba a EE.UU. en toda esta historia, amén de su participación en la sangrienta represión de las guerrillas centroamericanas para las que utilizó el narcotráfico como medio de financiar a grupos paramilitares como el PAC de la cita, se circunscribía a la de ser consumidor, y comentaba “No parece haber policías americanos corruptos, no parecen existir políticos relacionados con el narcotráfico, no hay empresarios norteamericanos colaboradores…�. Bien, esta falla se repara en esta tercera entrega, y de qué forma.
“Tenemos que preguntarnos qué clase de corrupción es la que afecta a nuestro espíritu colectivo como nación para que seamos el mayor consumidor de drogas ilegales del mundo� ¿Qué dolor sufre en su seno la sociedad americana que nos impulsa a buscar drogas para aliviarlo, para mitigarlo? ¿Es la pobreza? ¿La injusticia? ¿El aislamiento?�Todo esto puede ser parte de la explicación, pero quizás la respuesta esté más relacionada con la adoración al dios todopoderoso que domina a este país, ya de por sí extremadamente religioso: el dinero, y, junto a él, el ansia de poder y de éxito, en la peor de sus acepciones.
“¿De veras crees que alguien tiene verdadero interés en ganar esta guerra? Nadie quiere ganarla. Lo que les interesa es que siga. No puedes ser tan ingenuo. Decenas de miles de millones al año en policía, equipamiento, prisiones... Es un negocio. La guerra contra las droga es un gran negocio.�Y a continuación añade: “Y eso implica comprar influencia en los niveles más altos del gobierno de Estados Unidos�. ¿Cómo de altos? A ver si reconocen a la persona de la que se queja este personaje de la novela:
“Lo que le deprime es la pérdida de un ideal, una identidad, una imagen de lo que es este país. O era. Que esté país vote a un racista, a un fascista, a un gángster, a un narcisista fanfarrón y jactancioso, a un fantoche. A un hombre que presume de agredir a mujeres, que se burla de un discapacitado, que se cierra con dictadores. A un mentiroso redomado�En efecto, el mismo que quiso hacer un muro en la frontera, el mismo que tiene un yerno al que Winslow acusa de ser el enlace de su suegro con los cárteles de México y de ser un elemento importante en el lavado del dinero procedente de la droga. Nada más y nada menos.
“Ha estado cuarenta años en guerra con los cárteles mexicanos. Ahora está en guerra con su propio gobierno. Y son lo mismo. El sindicato.�Pero, qué sé yo, solo puedo decir que llevaba a cuestas dos gruesos libros y quizás este me llevó muy cerca de la frontera con la muerte por sobredosis de crueldades, traiciones, egos desmedidos, atrocidades, injusticias y mierdas infinitas. No me parece que desmerezca como fin de la trilogía, pero me encontró cansado.