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Booklife: Strategies and Survival Tips for the 21st Century Writer
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La trilogía de Southern Reach de este mismo autor duerme el sueño de los justos en la parte baja de mi pila de libros para leer desde hace meses porque siempre encuentro algo más atractivo que llevarme a los ojos. Aún así, opté por la lectura de este manual (que no lo es realmente) porque parecía actual y fresco en un marasmo de libros sobre escritura que huelen a naftalina o, incluso, conseguirán hacerte escribir como todo el mundo ahí fuera. Me estremezco.
Como comentaban en la radio hace unas semanas, en la era de la sobreinformación nos hemos creado la necesidad de que algún gurú nos reafirme en determinadas conductas que, en un caso paradigmático, habrían de llevarnos a la felicidad mediante el estudio compulsivo de materias en vez del trabajo de campo. El ejemplo perfecto de esto es Marie Kondō, que llegó a nuestras vidas para recordarnos, con pequeños giros de tuerca, que nadamos en la abundancia de posesiones materiales que no nos hacen felices; tuvo que pensarlo ella por nosotros cuando solo teníamos que mirar nuestras estanterías y abrir nuestros armarios para darnos cuenta de lo evidente y ponernos manos a la obra. Esto dice mucho o demasiado poco de nosotros.
Me voy por los cerros de Úbeda: este libro, a su manera un tanto desfasada (y eso que es relativamente reciente) explica cómo se desarrolla la vida de un escritor de segunda fila en las cuestiones profesionales: agentes, editoriales, promoción... Sse centra en la parte menos romántica de la idea que tenemos sobre el oficio de escritor, explicando en qué consiste cada concepto, qué debería hacerse con respecto a cada uno y, lo más importante, qué no. Incide bastante en cómo comportarse en las redes sociales, optando por respirar lentamente antes de desatar al troll que todos llevamos dentro, respetando también la opción de no tener presencia digital, siempre y cuando se valore la parte negativa que ello implica en un momento como el actual.
También repite como claves del éxito literario (al menos en la parte productiva) cuestiones que los seguidores de webs como Lifehacker llevamos años leyendo de forma compulsiva: come bien, no bebas alcohol, no fumes ni te drogues, mantente hidratado, ejercita tu cuerpo, medita, pasea por el campo. El autor recela del estereotipo de autor maldito, siempre embriagado y de corazón roto, con la misma fuerza que lo hace de las personas que visten de negro y llevan chaleco y reloj de bolsillo, apostando por las personas normales que ejercitan su escritura por la vía de los hechos y no la de las apariencias. Si era necesario incluir todo esto en el libro me traerá desvelos en estas noches de agosto.
En definitiva, el libro apuesta porque, igual que todos conocemos la historia de que Stephen King siempre es visto leyendo allá donde va, un escritor escriba siempre que pueda, en el formato que pueda, para ejercitar el músculo de su arte, perseverar y llegar, idealmente, a alguna parte con lo escrito. Solo si se desea, claro; si lo único a lo que se aspira es a que le den Like en las reseñas de ŷ también está bien.
La idea con la que comenzaba me lleva a pensar si no habrá una vasta legión de escritores wannabe ahí fuera, leyendo libros sobre escribir en vez de ponerse a ello. Yo, durante un tiempo, voy a darme mus de leer sobre estas cosas. Lo que haga o deje de hacer ya es otra historia.
Como comentaban en la radio hace unas semanas, en la era de la sobreinformación nos hemos creado la necesidad de que algún gurú nos reafirme en determinadas conductas que, en un caso paradigmático, habrían de llevarnos a la felicidad mediante el estudio compulsivo de materias en vez del trabajo de campo. El ejemplo perfecto de esto es Marie Kondō, que llegó a nuestras vidas para recordarnos, con pequeños giros de tuerca, que nadamos en la abundancia de posesiones materiales que no nos hacen felices; tuvo que pensarlo ella por nosotros cuando solo teníamos que mirar nuestras estanterías y abrir nuestros armarios para darnos cuenta de lo evidente y ponernos manos a la obra. Esto dice mucho o demasiado poco de nosotros.
Me voy por los cerros de Úbeda: este libro, a su manera un tanto desfasada (y eso que es relativamente reciente) explica cómo se desarrolla la vida de un escritor de segunda fila en las cuestiones profesionales: agentes, editoriales, promoción... Sse centra en la parte menos romántica de la idea que tenemos sobre el oficio de escritor, explicando en qué consiste cada concepto, qué debería hacerse con respecto a cada uno y, lo más importante, qué no. Incide bastante en cómo comportarse en las redes sociales, optando por respirar lentamente antes de desatar al troll que todos llevamos dentro, respetando también la opción de no tener presencia digital, siempre y cuando se valore la parte negativa que ello implica en un momento como el actual.
También repite como claves del éxito literario (al menos en la parte productiva) cuestiones que los seguidores de webs como Lifehacker llevamos años leyendo de forma compulsiva: come bien, no bebas alcohol, no fumes ni te drogues, mantente hidratado, ejercita tu cuerpo, medita, pasea por el campo. El autor recela del estereotipo de autor maldito, siempre embriagado y de corazón roto, con la misma fuerza que lo hace de las personas que visten de negro y llevan chaleco y reloj de bolsillo, apostando por las personas normales que ejercitan su escritura por la vía de los hechos y no la de las apariencias. Si era necesario incluir todo esto en el libro me traerá desvelos en estas noches de agosto.
En definitiva, el libro apuesta porque, igual que todos conocemos la historia de que Stephen King siempre es visto leyendo allá donde va, un escritor escriba siempre que pueda, en el formato que pueda, para ejercitar el músculo de su arte, perseverar y llegar, idealmente, a alguna parte con lo escrito. Solo si se desea, claro; si lo único a lo que se aspira es a que le den Like en las reseñas de ŷ también está bien.
La idea con la que comenzaba me lleva a pensar si no habrá una vasta legión de escritores wannabe ahí fuera, leyendo libros sobre escribir en vez de ponerse a ello. Yo, durante un tiempo, voy a darme mus de leer sobre estas cosas. Lo que haga o deje de hacer ya es otra historia.
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Reading Progress
June 19, 2019
–
Started Reading
June 19, 2019
– Shelved
July 11, 2019
–
Finished Reading