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Envidia
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“Envidia� (1927) es una sátira muy extraña, ¿lo que la hace especial? A mi parecer, el elevado sentido poético y el estilo increíblemente original del autor, Yuri Olesha.
“En una ocasión, levantó la mano para enseñar a sus amigos la palma, donde las venas trazaban la forma de un árbol, y se lanzó a la siguiente improvisación:
� He aquí el árbol de la vida —dijo solemne�. Este árbol me habla más de la vida y la muerte que los árboles del parque que florecen y después se marchitan. No recuerdo exactamente cuándo descubrí que me crecía un árbol en la palma de la mano... Pero debió de ser en aquella época maravillosa cuando el florecimiento y marchitamiento de los árboles no me hablaban aún de la vida y la muerte, sino del final y el principio del curso escolar. Entonces era azulado, ese árbol, azulado, bien perfilado, y la sangre (que por entonces yo creía que era luz y no un líquido) subía por él como el amanecer y confería al paisaje metacarpiano el aspecto de una acuarela japonesa... […]
» Recuerdo un tiempo espléndido en que el árbol se hizo más frondoso. Experimentaba minutos de auténtica satisfacción al constatar su florecimiento irrefrenable. Se volvió nudoso y pardo, iy en eso residía su fuerza! Habría podido llamarlo el poderoso aparejo de mi mano. ¡Pero ahora, amigos míos, qué decrépita, qué carcomida está!
» Me da la impresión de que las ramas se rompen, de que el tronco se llena de agujeros... ¡Esclerosis, amigos míos! Y el hecho de que la piel se vuelva vidriosa y el tejido subcutáneo acuoso, ¿acaso no es la niebla que cae sobre el árbol de mi vida, la misma niebla que pronto me envolverá por completo?� (pg 97-98)
Brillante, ¿verdad? En cierta manera me recuerda a Bulgákov, con la clara diferencia de que, en Olesha, la forma es indudablemente la estrella. No hay un propósito crítico o moralizante —por lo menos, no uno evidente�, sino que retrata la realidad del momento mediante lo absurdo y lo fantástico. Por ejemplo, a través del relato de la mortadela y la descripción del partido de fútbol. No obstante, no podría decirse que, utilizando la novela de referencia, Olesha se oponía al sistema del mismo modo en el que Bulgákov manifiesta su aversión por él en “Maestro y Margarita�. El narrador de “Envidia� se muestra contradictorio, sus ideas son incoherentes y, en consecuencia, no es posible determinar la postura ideológica del autor. No diría que se trata propiamente una novela polifónica —similar a Dostoievski en cuanto a su ambigüedad�, pero sí de la perorata confusa de un individuo ¿perturbado? que “no deja pollo sin cabeza�, dice: “En nuestro país los caminos a la gloria están cerrados... Una persona dotada de talento debe consumirse, o bien decidirse a levantar las barreras a riesgo de provocar un escándalo. Yo, por ejemplo, tengo ganas de discutir. Quiero demostrar la fuerza de mi personalidad. Tengo sed de mi propia gloria. Aquí tenemos miedo de prestar atención a alguien. Yo deseo más atención. Me habría gustado nacer en una pequeña ciudad francesa, crecer entre sueños, marcarme un objetivo elevado cualquiera y, un buen día, dejar mi pequeña ciudad e ir a pie hasta la capital, y allí, trabajando como un fanático, lograr mi objetivo. Pero yo no nací en Occidente. Y ahora me dicen: «Ya no solo tu personalidad sino ni siquiera la más admirable de las personalidades vale algo». Y poco a poco comienzo a acostumbrarme a esta verdad, pero no por ello deja de ser irrebatible.� Y más adelante, añade: “Hoy estaba radiante. Sí, la huella de la gloria estaba impresa en su cara. ¿Por qué no siento amor, entusiasmo, veneración a la vista de dicha gloria? La rabia me corroe. Él, el dirigente, el comunista, está creando un mundo nuevo. Y en ese mundo nuevo la gloria resplandece porque ha salido de las manos de un salchichero una flamante especie de mortadela. No comprendo esa gloria: ¿qué significa? La historia, los monumentos, las biografías nunca me han hablado de ese tipo de gloria. ¿Significa eso que ha cambiado la naturaleza de la gloria? ¿En todas partes, o solo aquí, donde se construye un nuevo mundo? Siento, por supuesto, que este mundo nuevo que se está levantando es el mundo principal, el mundo triunfante... No soy ciego, tengo la cabeza sobre los hombros. No es necesario que nadie me instruya ni me dé explicaciones... Sé leer y escribir. ¡Es en este mundo, precisamente, en el que quiero la gloria! Quiero resplandecer igual que hoy Bábichev. Pero ninguna variedad de embutido tendrá el poder de hacerme resplandecer.�
Nikolái Kavalérov abraza la “razón enamorada�. Sin embargo, en su caso la fantasía no consiste en una invención, sino en una perspectiva diferente de la realidad: se refiere a fenómenos y objetos cotidianos mediante abstracciones; capta los detalles y los utiliza para crear distintas asociaciones. Por ejemplo, un barco le recuerda a “una almendra cortada", una cara con arrugas, a “un arnés con riendas�, la luz del sol, a “un conejo sobre el quicio de la puerta a las dos de la tarde� y los vagabundos que duermen sobre los bancos, a “chinos atados y decapitados�. Todo ello contribuye a considerar que la historia se sitúa entre el sueño y la realidad; el narrador, al igual que sucede en las obras de Gógol, desorienta al lector y presenta una trama sin progreso lógico o desenlace. En su conjunto, la novela es un enigma que no ofrece solución al conflicto generacional que se representa. Con saltos temporales, gran cantidad de metáforas, elementos surrealistas y un humor punzante, la narración fluye prácticamente sola. Iván Bábichev y Nikolái Kavalérov son dos personajes antisociales, una especie de figuras chaplinescas que vagabundean por San Petersburgo automarginándose. Ambos son héroes y antihéroes al mismo tiempo, dos individuos que se consideran moralmente superiores y desprecian o, mejor dicho, envidian a la nueva era. Iván Bábichev representa al charlatán que fantasea con llevar a cabo “la revolución pacífica de los sentimientos�, es decir, que busca reunir a hombres y mujeres en cuyas almas domina alguna de las “viejas pasiones humanas� y dirigir el último desfile de aquellos sentimientos (el amor, la ambición, etc.) que “el nuevo mundo� considera insignificantes y ridículos.
“A veces una bombilla deja de funcionar repentinamente. Se ha fundido, dirá usted. Pero si agitamos la bombilla fundida, se encenderá de nuevo y funcionará un rato más. Se produce un desastre en el interior de la bombilla. Los filamentos de tungsteno se rompen y, cuando los fragmentos entran en contacto, la bombilla vuelve a la vida. Una vida corta, antinatural, condenada irremediablemente: una fiebre, una incandescencia demasiado brillante, un resplandor. Luego se hará la oscuridad, la vida no volverá, y en la penumbra solo se oirá el tintineo de los hilos muertos, quemados. ¿Me entiende? Pero ¡ese brillo efímero es espléndido!� (pg 121-122)
Asimismo, Iván Bábichev “construye� una máquina capaz de hacer cualquiera cosa: Ofelia, “el genio de la mecánica�. Con ella, Iván tiene la oportunidad de vengarse del “nuevo hombre� y dice: “¡A esta suprema creación de la técnica la doté de los sentimientos humanos más banales! Deshonré a mi máquina. Vengué mi siglo, el que me dio este cerebro que se aloja en mi cráneo, el cerebro que concibió esta máquina sorprendente... ¿A quién debería legarla? ¿Al nuevo mundo? Nos están devorando como comida; engullen el siglo diecinueve como una boa constrictora engulle un conejo...Nos mastican y nos digieren. Lo que encuentran útil, lo absorben, y lo que es dañino, lo rechazan. ¡Nuestros sentimientos, los rechazan; nuestra técnica, la absorben! Me vengaré en nombre de nuestros sentimientos.� Al final, se intuye que Ofelia no es más que un producto de la imaginación de Iván, motivado por la envidia y el deseo de venganza. Kavalérov sueña con ella porque comparte la misma motivación que Iván. De hecho, su sueño revela que Ofelia sería capaz de destruir a su creador, el hombre, en caso de existir y que, por esta razón, no debe bajo ningún concepto hacerlo; que la venganza es irrealizable y hay que resignarse, substituir la envidia por la indiferencia.
Reconozco que “Envidia� no es una libro para cualquiera, pero sí es uno de aquellos a las que estoy segura que volveré, una novela en la que no importa lo que el narrador nos cuenta —porque, en realidad, ¿qué es lo que ocurre en ella?�, sino en la que el valor, al menos el que yo le atribuyo personalmente, reside en la experiencia del lector durante su delirante lectura.
“En una ocasión, levantó la mano para enseñar a sus amigos la palma, donde las venas trazaban la forma de un árbol, y se lanzó a la siguiente improvisación:
� He aquí el árbol de la vida —dijo solemne�. Este árbol me habla más de la vida y la muerte que los árboles del parque que florecen y después se marchitan. No recuerdo exactamente cuándo descubrí que me crecía un árbol en la palma de la mano... Pero debió de ser en aquella época maravillosa cuando el florecimiento y marchitamiento de los árboles no me hablaban aún de la vida y la muerte, sino del final y el principio del curso escolar. Entonces era azulado, ese árbol, azulado, bien perfilado, y la sangre (que por entonces yo creía que era luz y no un líquido) subía por él como el amanecer y confería al paisaje metacarpiano el aspecto de una acuarela japonesa... […]
» Recuerdo un tiempo espléndido en que el árbol se hizo más frondoso. Experimentaba minutos de auténtica satisfacción al constatar su florecimiento irrefrenable. Se volvió nudoso y pardo, iy en eso residía su fuerza! Habría podido llamarlo el poderoso aparejo de mi mano. ¡Pero ahora, amigos míos, qué decrépita, qué carcomida está!
» Me da la impresión de que las ramas se rompen, de que el tronco se llena de agujeros... ¡Esclerosis, amigos míos! Y el hecho de que la piel se vuelva vidriosa y el tejido subcutáneo acuoso, ¿acaso no es la niebla que cae sobre el árbol de mi vida, la misma niebla que pronto me envolverá por completo?� (pg 97-98)
Brillante, ¿verdad? En cierta manera me recuerda a Bulgákov, con la clara diferencia de que, en Olesha, la forma es indudablemente la estrella. No hay un propósito crítico o moralizante —por lo menos, no uno evidente�, sino que retrata la realidad del momento mediante lo absurdo y lo fantástico. Por ejemplo, a través del relato de la mortadela y la descripción del partido de fútbol. No obstante, no podría decirse que, utilizando la novela de referencia, Olesha se oponía al sistema del mismo modo en el que Bulgákov manifiesta su aversión por él en “Maestro y Margarita�. El narrador de “Envidia� se muestra contradictorio, sus ideas son incoherentes y, en consecuencia, no es posible determinar la postura ideológica del autor. No diría que se trata propiamente una novela polifónica —similar a Dostoievski en cuanto a su ambigüedad�, pero sí de la perorata confusa de un individuo ¿perturbado? que “no deja pollo sin cabeza�, dice: “En nuestro país los caminos a la gloria están cerrados... Una persona dotada de talento debe consumirse, o bien decidirse a levantar las barreras a riesgo de provocar un escándalo. Yo, por ejemplo, tengo ganas de discutir. Quiero demostrar la fuerza de mi personalidad. Tengo sed de mi propia gloria. Aquí tenemos miedo de prestar atención a alguien. Yo deseo más atención. Me habría gustado nacer en una pequeña ciudad francesa, crecer entre sueños, marcarme un objetivo elevado cualquiera y, un buen día, dejar mi pequeña ciudad e ir a pie hasta la capital, y allí, trabajando como un fanático, lograr mi objetivo. Pero yo no nací en Occidente. Y ahora me dicen: «Ya no solo tu personalidad sino ni siquiera la más admirable de las personalidades vale algo». Y poco a poco comienzo a acostumbrarme a esta verdad, pero no por ello deja de ser irrebatible.� Y más adelante, añade: “Hoy estaba radiante. Sí, la huella de la gloria estaba impresa en su cara. ¿Por qué no siento amor, entusiasmo, veneración a la vista de dicha gloria? La rabia me corroe. Él, el dirigente, el comunista, está creando un mundo nuevo. Y en ese mundo nuevo la gloria resplandece porque ha salido de las manos de un salchichero una flamante especie de mortadela. No comprendo esa gloria: ¿qué significa? La historia, los monumentos, las biografías nunca me han hablado de ese tipo de gloria. ¿Significa eso que ha cambiado la naturaleza de la gloria? ¿En todas partes, o solo aquí, donde se construye un nuevo mundo? Siento, por supuesto, que este mundo nuevo que se está levantando es el mundo principal, el mundo triunfante... No soy ciego, tengo la cabeza sobre los hombros. No es necesario que nadie me instruya ni me dé explicaciones... Sé leer y escribir. ¡Es en este mundo, precisamente, en el que quiero la gloria! Quiero resplandecer igual que hoy Bábichev. Pero ninguna variedad de embutido tendrá el poder de hacerme resplandecer.�
Nikolái Kavalérov abraza la “razón enamorada�. Sin embargo, en su caso la fantasía no consiste en una invención, sino en una perspectiva diferente de la realidad: se refiere a fenómenos y objetos cotidianos mediante abstracciones; capta los detalles y los utiliza para crear distintas asociaciones. Por ejemplo, un barco le recuerda a “una almendra cortada", una cara con arrugas, a “un arnés con riendas�, la luz del sol, a “un conejo sobre el quicio de la puerta a las dos de la tarde� y los vagabundos que duermen sobre los bancos, a “chinos atados y decapitados�. Todo ello contribuye a considerar que la historia se sitúa entre el sueño y la realidad; el narrador, al igual que sucede en las obras de Gógol, desorienta al lector y presenta una trama sin progreso lógico o desenlace. En su conjunto, la novela es un enigma que no ofrece solución al conflicto generacional que se representa. Con saltos temporales, gran cantidad de metáforas, elementos surrealistas y un humor punzante, la narración fluye prácticamente sola. Iván Bábichev y Nikolái Kavalérov son dos personajes antisociales, una especie de figuras chaplinescas que vagabundean por San Petersburgo automarginándose. Ambos son héroes y antihéroes al mismo tiempo, dos individuos que se consideran moralmente superiores y desprecian o, mejor dicho, envidian a la nueva era. Iván Bábichev representa al charlatán que fantasea con llevar a cabo “la revolución pacífica de los sentimientos�, es decir, que busca reunir a hombres y mujeres en cuyas almas domina alguna de las “viejas pasiones humanas� y dirigir el último desfile de aquellos sentimientos (el amor, la ambición, etc.) que “el nuevo mundo� considera insignificantes y ridículos.
“A veces una bombilla deja de funcionar repentinamente. Se ha fundido, dirá usted. Pero si agitamos la bombilla fundida, se encenderá de nuevo y funcionará un rato más. Se produce un desastre en el interior de la bombilla. Los filamentos de tungsteno se rompen y, cuando los fragmentos entran en contacto, la bombilla vuelve a la vida. Una vida corta, antinatural, condenada irremediablemente: una fiebre, una incandescencia demasiado brillante, un resplandor. Luego se hará la oscuridad, la vida no volverá, y en la penumbra solo se oirá el tintineo de los hilos muertos, quemados. ¿Me entiende? Pero ¡ese brillo efímero es espléndido!� (pg 121-122)
Asimismo, Iván Bábichev “construye� una máquina capaz de hacer cualquiera cosa: Ofelia, “el genio de la mecánica�. Con ella, Iván tiene la oportunidad de vengarse del “nuevo hombre� y dice: “¡A esta suprema creación de la técnica la doté de los sentimientos humanos más banales! Deshonré a mi máquina. Vengué mi siglo, el que me dio este cerebro que se aloja en mi cráneo, el cerebro que concibió esta máquina sorprendente... ¿A quién debería legarla? ¿Al nuevo mundo? Nos están devorando como comida; engullen el siglo diecinueve como una boa constrictora engulle un conejo...Nos mastican y nos digieren. Lo que encuentran útil, lo absorben, y lo que es dañino, lo rechazan. ¡Nuestros sentimientos, los rechazan; nuestra técnica, la absorben! Me vengaré en nombre de nuestros sentimientos.� Al final, se intuye que Ofelia no es más que un producto de la imaginación de Iván, motivado por la envidia y el deseo de venganza. Kavalérov sueña con ella porque comparte la misma motivación que Iván. De hecho, su sueño revela que Ofelia sería capaz de destruir a su creador, el hombre, en caso de existir y que, por esta razón, no debe bajo ningún concepto hacerlo; que la venganza es irrealizable y hay que resignarse, substituir la envidia por la indiferencia.
Reconozco que “Envidia� no es una libro para cualquiera, pero sí es uno de aquellos a las que estoy segura que volveré, una novela en la que no importa lo que el narrador nos cuenta —porque, en realidad, ¿qué es lo que ocurre en ella?�, sino en la que el valor, al menos el que yo le atribuyo personalmente, reside en la experiencia del lector durante su delirante lectura.
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January 5, 2024
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January 5, 2024
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August 20, 2024
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August 25, 2024
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"«Sin entender todavía dónde estaba y qué me había pasado, recordé los empujones y las sacudidas. Me asaltó la idea de que me habían transportado en una ambulancia, de que me habían amputado las piernas mientras estaba borracho. Extendí los brazos, convencido de que me iba a encontrar con una venda gruesa. Pero resultó que simplemente estaba tumbado en el sofá de una habitación grande, limpia y luminosa»"
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54
August 29, 2024
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September 10, 2024
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January 1, 2025
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20th-century
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Andrea
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Sep 08, 2024 12:20PM

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