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Un lugar soleado para gente sombrÃa
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"Quien ose adentrarse en las páginas de este libro sentirá un escalofrÃo recorriéndole la espina dorsal, y algunas cosas más", reza la contraportada de este libro. Si me lo preguntáis, esas "cosas" a que se refiere la embaucadora editorial son aburrimiento y la sensación de constante dejá vu.
Esta es la segunda antologÃa que leo de la afamada escritora argentina que ha venido a revolucionar el género de terror desde el realismo sucio. Y ahora ya puedo asegurar que yo me bajo definitivamente de este tren. Si lo que más me disgustó de la anterior antologÃa fue que muchos de sus relatos daban en inacabados, que quedaban como una ristra de anécdotas siniestras a las que le faltaba un remate o directamente la estructura formal de un cuento, en ésta me parece haber leÃdo el mismo relato una y otra vez, como si a los mismos personajes les hubieran acechado distintos entes sobrenaturales. Aunque también hay unos cuantos que se quedan en anécdotas, como ya me pasara en Las cosas que perdimos en el fuego.
Y es que no solo EnrÃquez, sino todas las narradoras hispanoamericanas con la pretensión de describir la sociedad y el dÃa a dÃa de sus paÃses me parecen muy repetitivas. En estos relatos, al igual que en los de, por ejemplo, ²Ñ²¹°ùò¹ Fernanda Ampuero, todos los padres están ausentes, todas las madres son alcohólicas, todos los hijos indiferentes, todos los maridos maltratadores y/o condescendientes y, por supuestos, todos los protagonistas están deprimidos o anestesiados por la medicación. Ni en Argentina ni en Ecuador hay lugar para la alegrÃa ni recuerdo de la infancia que no se rememore con sórdida nostalgia. Claro que para hacer terror hay que enfangarse y describir el lado más oscuro de la humanidad, y muy seguramente para EnrÃquez los fantasmas, vampiros o demonios de la mente sean añadidos estéticos que salpimientan una crÃtica social; lo que no hace falta es hacerlo siempre desde la misma perspectiva. Lo terrorÃfico puede aparecer tambien durante un picnic, con el encontronazo en mitad del bosque con un bebe con los dientes perfectamente formados. Luego puedes decir que ese bosque habÃa sido utilizado desde remoto por curanderas para deshacerse de los abortos de las ricas familias hacendadas de, yo que sé, Lomas de Zamora. Pero no es necesario recrearse constantemente en lo sucio y miserable para construir una historia de terror. Y no malinterpreten esta queja como pacateria; esto no es la crÃtica de un pusilánime que despacha un libro como abominable porque hayan matado a un perro, sino la de un lector hastiado de leer siempre las mismas historias.
La antologÃa reúne los siguientes relatos:
Mis muertos tristes (****): en un barrio pobre de Buenos Aires, donde la delincuencia tiene en guerra a todos los vecinos, los fantasmas de los muertos comienzan a manifestarse para acosar... ¡a los propios vecinos! El mejor relato de la colección pese a los funambulismos intelectuales que hace la protagonista para justificar lo injustificable.
Los pájaros de la noche (**): una suerte de semblanza de la infancia de la pintora surrealista Mildred Burton. La narradora, presa de una extraña afección que pudre su carne en vida, habla de su hermana desequilibrada y de como su degeneración mental y fÃsica va avanzando con el tiempo.
La desgracia en la cara (****): la madre de los protagonistas nunca se recuperó de la violación que sufrió en su juventud por parte de un hombre al que nunca logró ver el rostro. Antes de morir confesará a su hijo que, en realidad, no vio la cara de su violador porque no tenÃa. Años más tarde, cuando este suceso luctuoso ha quedado en el olvido, la hija sufre una parálisis facial que va evolucionando en algo mucho más siniestro. Muy inquietante.
Julie (***): la prima de la protagonista, hija de sus tios pijos que viven en Estados Unidos, se ha convertido en la verguenza de su familia. Obesa mórbida, adormecida por la medicación que la mantiene controlada e hinchada, confiesa que, por las noche, es poseÃda por fantasmas. Entendiendo posesión de la manera más lúbrica.
Metamorfosis (*): a una mujer se le extirpa un mioma uterino y, al verlo, siente una fascinación inexplicable y una necesidad imperiosa porque regrese a su cuerpo. La tÃpica mamarrachada en forma de body horror pedestre.
Un lugar soleado para gente sombrÃa (**): la muerte de Elisa Lam fue muy popular en ciertos sectores de internet en 2013, y dio lugar a un buen puñado de videos de YouTube diseccionando un caso del que apenas se sabÃa nada. Elisa, una joven diagnosticada con bipolaridad, apareció flotando en el interior del tanque de agua que abastecÃa al hotel en que se alojaba. Cómo llegó allÃ, fue suicidio o asesinato, qué vio la desorientada Elisa que la obligó a no tomar el ascensor tal como refleja la última grabación que se tiene de ella son respuestas que nadie tiene. Tampoco EnrÃquez, pues su cuento va sobre una periodista atormentada por la muerte del yonqui de su novio cuya vida se ve ligada a la de Elisa Lam por un reportaje que está realizando sobre su caso.
Los himnos de las hienas (**): una pareja acude a visitar un palacete abandonado y allà serán atacados por un extraño hombre.
Diferentes colores hechos de lágrimas (***): una empleada de una tienda de ropa vintage acude a una cita con un potencial vendedor, un octogenario rico, que quiere deshacerse de todo el vestuario de su difunta esposa. Cuando las empleadas se prueben los vestidos sentirán como su cuerpo cambia de una manera terrible y sangrienta.
La mujer que sufre (**): la protagonista recibe por error un audio en el que una desconocida ofrece sus mejores deseos a una amiga que está pasando por la quimio. Pese a tratar de arreglar el malentendido, los audios se repiten, y pronto la protagonista se obsesionará con esa misteriosa enferma de cáncer.
Cementerio de heladeras (**): la protagonista recuerda un episodio de su infancia que ocurrió en el vertedero de neveras en el que jugaban de crÃos. AllÃ, saltando y corriendo alrededor de los frigorÃficos, pensaron que jugar a Houdini serÃa una idea bárbara. Sin embargo, cuando uno de los amigos intentó salir del cubÃculo sufrió un ataque y murió. Los niños, en vez de auxiliarlo o avisar a la policÃa, lo regresaron a la nevera y lo olvidaron para siempre. Hasta ahora.
Un artista local (***): una pareja acude a un pueblo aislado para pasar sus vacaciones. Desde que desviaron la lÃnea de tren el pueblo ha sufrido un largo y doloroso proceso de decadencia que, gracias al recién descubierto turismo rural, parece que está a punto de terminar. Uno de los responsables de este discreto renacer es un pintor local, al que conocerá la pareja, quieran o no.
Ojos negros (***): uno noche, unos trabajadores sociales serán acosados por unos extraños niños que les pedirán entrar a su coche. Éstos, al negarse, comprobaran que los niños, de niños, tienen muy poco. Un simpático cuento de vampiros.
Esta es la segunda antologÃa que leo de la afamada escritora argentina que ha venido a revolucionar el género de terror desde el realismo sucio. Y ahora ya puedo asegurar que yo me bajo definitivamente de este tren. Si lo que más me disgustó de la anterior antologÃa fue que muchos de sus relatos daban en inacabados, que quedaban como una ristra de anécdotas siniestras a las que le faltaba un remate o directamente la estructura formal de un cuento, en ésta me parece haber leÃdo el mismo relato una y otra vez, como si a los mismos personajes les hubieran acechado distintos entes sobrenaturales. Aunque también hay unos cuantos que se quedan en anécdotas, como ya me pasara en Las cosas que perdimos en el fuego.
Y es que no solo EnrÃquez, sino todas las narradoras hispanoamericanas con la pretensión de describir la sociedad y el dÃa a dÃa de sus paÃses me parecen muy repetitivas. En estos relatos, al igual que en los de, por ejemplo, ²Ñ²¹°ùò¹ Fernanda Ampuero, todos los padres están ausentes, todas las madres son alcohólicas, todos los hijos indiferentes, todos los maridos maltratadores y/o condescendientes y, por supuestos, todos los protagonistas están deprimidos o anestesiados por la medicación. Ni en Argentina ni en Ecuador hay lugar para la alegrÃa ni recuerdo de la infancia que no se rememore con sórdida nostalgia. Claro que para hacer terror hay que enfangarse y describir el lado más oscuro de la humanidad, y muy seguramente para EnrÃquez los fantasmas, vampiros o demonios de la mente sean añadidos estéticos que salpimientan una crÃtica social; lo que no hace falta es hacerlo siempre desde la misma perspectiva. Lo terrorÃfico puede aparecer tambien durante un picnic, con el encontronazo en mitad del bosque con un bebe con los dientes perfectamente formados. Luego puedes decir que ese bosque habÃa sido utilizado desde remoto por curanderas para deshacerse de los abortos de las ricas familias hacendadas de, yo que sé, Lomas de Zamora. Pero no es necesario recrearse constantemente en lo sucio y miserable para construir una historia de terror. Y no malinterpreten esta queja como pacateria; esto no es la crÃtica de un pusilánime que despacha un libro como abominable porque hayan matado a un perro, sino la de un lector hastiado de leer siempre las mismas historias.
La antologÃa reúne los siguientes relatos:
Mis muertos tristes (****): en un barrio pobre de Buenos Aires, donde la delincuencia tiene en guerra a todos los vecinos, los fantasmas de los muertos comienzan a manifestarse para acosar... ¡a los propios vecinos! El mejor relato de la colección pese a los funambulismos intelectuales que hace la protagonista para justificar lo injustificable.
Los pájaros de la noche (**): una suerte de semblanza de la infancia de la pintora surrealista Mildred Burton. La narradora, presa de una extraña afección que pudre su carne en vida, habla de su hermana desequilibrada y de como su degeneración mental y fÃsica va avanzando con el tiempo.
La desgracia en la cara (****): la madre de los protagonistas nunca se recuperó de la violación que sufrió en su juventud por parte de un hombre al que nunca logró ver el rostro. Antes de morir confesará a su hijo que, en realidad, no vio la cara de su violador porque no tenÃa. Años más tarde, cuando este suceso luctuoso ha quedado en el olvido, la hija sufre una parálisis facial que va evolucionando en algo mucho más siniestro. Muy inquietante.
Julie (***): la prima de la protagonista, hija de sus tios pijos que viven en Estados Unidos, se ha convertido en la verguenza de su familia. Obesa mórbida, adormecida por la medicación que la mantiene controlada e hinchada, confiesa que, por las noche, es poseÃda por fantasmas. Entendiendo posesión de la manera más lúbrica.
Metamorfosis (*): a una mujer se le extirpa un mioma uterino y, al verlo, siente una fascinación inexplicable y una necesidad imperiosa porque regrese a su cuerpo. La tÃpica mamarrachada en forma de body horror pedestre.
Un lugar soleado para gente sombrÃa (**): la muerte de Elisa Lam fue muy popular en ciertos sectores de internet en 2013, y dio lugar a un buen puñado de videos de YouTube diseccionando un caso del que apenas se sabÃa nada. Elisa, una joven diagnosticada con bipolaridad, apareció flotando en el interior del tanque de agua que abastecÃa al hotel en que se alojaba. Cómo llegó allÃ, fue suicidio o asesinato, qué vio la desorientada Elisa que la obligó a no tomar el ascensor tal como refleja la última grabación que se tiene de ella son respuestas que nadie tiene. Tampoco EnrÃquez, pues su cuento va sobre una periodista atormentada por la muerte del yonqui de su novio cuya vida se ve ligada a la de Elisa Lam por un reportaje que está realizando sobre su caso.
Los himnos de las hienas (**): una pareja acude a visitar un palacete abandonado y allà serán atacados por un extraño hombre.
Diferentes colores hechos de lágrimas (***): una empleada de una tienda de ropa vintage acude a una cita con un potencial vendedor, un octogenario rico, que quiere deshacerse de todo el vestuario de su difunta esposa. Cuando las empleadas se prueben los vestidos sentirán como su cuerpo cambia de una manera terrible y sangrienta.
La mujer que sufre (**): la protagonista recibe por error un audio en el que una desconocida ofrece sus mejores deseos a una amiga que está pasando por la quimio. Pese a tratar de arreglar el malentendido, los audios se repiten, y pronto la protagonista se obsesionará con esa misteriosa enferma de cáncer.
Cementerio de heladeras (**): la protagonista recuerda un episodio de su infancia que ocurrió en el vertedero de neveras en el que jugaban de crÃos. AllÃ, saltando y corriendo alrededor de los frigorÃficos, pensaron que jugar a Houdini serÃa una idea bárbara. Sin embargo, cuando uno de los amigos intentó salir del cubÃculo sufrió un ataque y murió. Los niños, en vez de auxiliarlo o avisar a la policÃa, lo regresaron a la nevera y lo olvidaron para siempre. Hasta ahora.
Un artista local (***): una pareja acude a un pueblo aislado para pasar sus vacaciones. Desde que desviaron la lÃnea de tren el pueblo ha sufrido un largo y doloroso proceso de decadencia que, gracias al recién descubierto turismo rural, parece que está a punto de terminar. Uno de los responsables de este discreto renacer es un pintor local, al que conocerá la pareja, quieran o no.
Ojos negros (***): uno noche, unos trabajadores sociales serán acosados por unos extraños niños que les pedirán entrar a su coche. Éstos, al negarse, comprobaran que los niños, de niños, tienen muy poco. Un simpático cuento de vampiros.
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Justo
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Aug 29, 2024 09:30AM

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A mi tampoco, pero siempre he sido esclavo de mis prejuicios. Por lo general, desconfÃo mucho de las novedades tan mediáticas, especialmente cuando salen en tropel reseñadores, instagramers y afines ha ponerse sublimes ya es cuando me cierro en banda del todo. Por culpa de estos prejuicios me he perdido muchas lecturas... casi siempre para bien, me doy cuenta ahora JAJAJAJAJA.


Muy buenas, Jesus. Yo no soy experto en literatura, solo un lector ocasional y mÃnimamente informado. Sé que EnrÃquez puso de moda esté género hÃbrido de retratar la sordidez de la realidad hispanoamericana en clave de terror sobrenatural, y como moda que es un montón de clones de combate se han sumado replicando la fórmula con la coyuntura de cada pais. Una cosa que no me gusta nada de este movimiento, además de la constante exposición de miserias, es que no abrazan por completo el género terrorÃfico sino que toma el terror como un recurso, como si fuera un trampolÃn para hacer literatura "seria". Es por eso que muchos relatos son anécdotas, aguafuertes en el que algo sobrenatural aparece, o no, pero realmente no buscan ser cuentos de terror. Quizá esto que te digo me haga sonar como alguien que tiene una imagen muy limitada del género, pero dada la pretenciosidad de que hacen gala muchos de estos cuentos me hace creer esto mismo, que no son relatos honestos.
Y dicho esta enorme parrafada, que no creo que te haya servido de nada, yo sà te recomiendo encarecidamente que la leas, pues lo mejor es que te formes tu propia opinión, y si encima la quieres leer por motivos académicos, tu lectura va a ser más analÃtica y crÃtica que la mÃa; es decir, que sacarás mucho más de la lectura que yo, ya sea malo o bueno. Te recomendarÃa empezar por Lo que perdimos en el fuego, ahà al menos encontré dos cuentos que me gustaron, aunque uno de ellos tuviera un final horrible jajaja.
Espero haberte servido de ayuda, ¡ya me contarás!

TodavÃa no entiendo el premio que le dieron a su novela.



De hecho esa 'parrafada' fue muy útil, pues lo mismo pienso al ver el auge de este movimiento. Me molesta que se use al terror como medio para hacer 'literatura seria' en vez de abrazarlo por completo, tal como dijiste. Muy preocupante eso de que, más que relatos, sean un tanto como anécdotas, pero de todas formas leeré el libro que me recomiendas. Espero tenga asà sea un poco de valor. Un saludo, seguiremos leyéndonos.

Pues Aleieen, saliste de dudas antes que yo. Eso sÃ, yo le di una oportunidad a los cuentos, que no a la novela -aunque la tenga. No soy TAN masoquista jajaja.

Pues me queda eso, Gerardo, leerme su primer libro de cuentos. Aunque ya dudo que lo haga. La verdad es que estoy agotado de este realismo sucio terrorÃfico hispanoamericano. A ver si la nueva moda literaria que surja me es más atractiva jajaja.

Además, ²Ñ²¹°ùò¹, que quizá la repercusión internacional que ha tenido, especialmente en Estados Unidos, me reafirma al señalar la falta de honestidad y a que el éxito de esta moda obedece más a factores coyunturales que literarios. Porque los gringos traducen a los hispanohablantes solo cuando el peso de la calidad es incontestable -véase GarcÃa Márquez- o según las circunstancias sociales.
Opino lo mismo que tu en cuanto a que esta literatura es efectista y crea un retrato distorsionado y tendencioso de la realidad, y dirÃa que incluso llega a ser perjudicial, pues es tal el aluvión de atropellos, abominaciones y crueldades que uno termina insensibilizado. De las tres escritoras que comentas, solo la propuesta de Mónica Ojeda me convenció, encontré una sensibilidad más personal y relatos con una fuerte carga poética. Todo lo contrario me pasó con Ampuero, la que, además, desprende cierto tufo burgués que me repele un tanto; tampoco ayuda la manera tan burda y superficial con la que ha intentando en ocasiones hablar de la realidad de mi paÃs, que por sus comentarios observo que entiende poco. La tercera que mencionas no la conozco, pero la investigaré.


Pues hiciste bien, Alvaro, que el libro es más largo que un dÃa sin pan y la vida muy corta para leer libros que no nos gustan. Y dudo mucho te estés perdiendo el nuevo Quijote jajaja.
