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1850 Quotes

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Frédéric Bastiat
“Socialism, like the ancient ideas from which it springs, confuses the distinction between government and society. As a result of this, every time we object to a thing being done by government, the socialists conclude that we object to its being done at all. We disapprove of state education. Then the socialists say that we are opposed to any education. We object to a state religion. Then the socialists say that we want no religion at all. We object to a state-enforced equality. Then they say that we are against equality. And so on, and so on. It is as if the socialists were to accuse us of not wanting persons to eat because we do not want the state to raise grain.”
Frederic Bastiat, The Law
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Thomas Mann
“Een jaar en twee maanden later, op een nevelige januarimorgen met sneeuw in de lucht van het jaar 1850, zaten de heer en mevrouw Grünlich met hun kleine, driejarige dochtertje in de met lichtbruin hout betimmerde eetkamer op stoelen, die 25 mark per stuk hadden gekost, aan het ontbijt.”
Thomas Mann, Buddenbrooks: Verfall einer Familie

“(Fragmentos de Montevideo o la Nueva Troya, de Alejandro Dumas. París, 1850)

Tanto resistió esa tribu [los charrúas] a los españoles, que éstos se vieron obligados a construir Montevideo en medio de combates todos los días y, sobre todo, de ataques todas las noches. De tal manera, y gracias a esa resistencia, Montevideo, que cuenta apenas cien años de fundada, es una de las ciudades más modernas del continente americano.
La población de Montevideo, por el contrario [a Buenos Aires], ocupa una hermosa región, regada por arroyos que cortan los valles. No hay allí grandes bosques : no tiene vastas florestas como la America del Norte, pero en el fondo de los valles a que acabamos de referirnos corren arroyuelos sombreados por el quebracho de corteza de hierro; por el ubajaé de frutos de oro; por el sauce de rico ramaje. Por otra parte, esa población vive en buenas casas, está bien alimentada, sus quintas, sus granjas o alquerías están próximas unas a otras y su carácter abierto y hospitalario se inclina a la civilización en que la vecindad de la mar le aporta incesantemente sobre las alas del viento el perfume que viene de Europa.”
Ezequiel De Rosso, Relatos de Montevideo

“(Fragmentos de Montevideo o la Nueva Troya, de Alejandro Dumas. París, 1850.)

Por su parte, las mujeres de Buenos Aires tienen la pretensión de ser las más bellas mujeres de la América meridional, desde el estrecho de Lemaire hasta las riberas del Amazonas. ¿Queréis saber los nombres de las que reclaman el cetro de la belleza del otro lado del Atlántico, oh despreocupadas parisienses que creéis que no puede haber mujer más hermosa más allá de la barrera de Versailles o de Fontainebleau? Pues bien, ellas son, para Buenos Aires, las señoras Agustina Rosas, Pepa Lavalle y Martina Lynch.

Puede ser, en efecto, que el rostro de las mujeres de Montevideo sea menos deslumbrante que el de sus vecinas, pero sus formas son maravillosas, y sus pies, sus manos, sus torneadas figuras parecen haber sido pedidas en préstamo directamente a Sevilla o a Granada, pues hay allí una variedad que, en muchos casos, llega a la perfección. Y Montevideo, la ciudad europea, os mostrará con orgullo a Matilde Stewart, a Nazarea Rucker y a Clementina Batlle, es decir, tres tipos, o más bien dicho tres modelos de raza: raza escocesa, raza alemana, raza catalana.”
Ezequiel De Rosso, Relatos de Montevideo

“El hombre de Buenos Aires tiene la pretensión de ser el primero de América en elegancia. Se enardece y se aplaca con la misma facilidad y tiene más imaginación que su rival. Los primeros poetas que conoció América nacieron en Buenos Aires: Varela, Lafinur, Domínguez y Mármol son poetas porteños.

El hombre de Montevideo es menos poético, más calmo; más firme en sus resoluciones, en sus proyectos. Si su rival pretende ser el primero en elegancia, él cree ser el primero en valentía. Entre sus poetas se encuentran los nombres de Hidalgo, de Berro, de Figueroa, de Juan Carlos Gómez.

Por su parte, las mujeres de Buenos Aires tienen la pretensión de ser las más bellas mujeres de la América meridional, desde el estrecho de Lemaire[5] hasta las riberas del Amazonas. ¿Queréis saber los nombres de las que reclaman el cetro de la belleza del otro lado del Atlántico, oh despreocupadas parisienses que creéis que no puede haber mujer más hermosa más allá de la barrera de Versailles o de Fontainebleau? Pues bien, ellas son, para Buenos Aires, las señoras Agustina Rosas, Pepa Lavalle y Martina Linche[6] .

Puede ser, en efecto, que el rostro de las mujeres de Montevideo sea menos deslumbrante que el de sus vecinas, pero sus formas son maravillosas, y sus pies, sus manos, sus torneadas figuras parecen haber sido pedidas en préstamo directamente a Sevilla o a Granada, pues hay allí una variedad que, en muchos casos, llega a la perfección. Y Montevideo, la ciudad europea, os mostrará con orgullo a Matilde Stewart, a Nazarea Rucker y a Clementina Batlle, es decir, tres tipos, o más bien dicho tres modelos de raza: raza escocesa, raza alemana, raza catalana.

Así pues, hay entre ambos países:

Rivalidad de coraje y de elegancia para los hombres.

Rivalidad de belleza, de gracia y de formas para las mujeres.

Rivalidad de talentos para los poetas, esos hermafroditas de la sociedad, irritables como los hombres, caprichosos como las mujeres, y, con todo eso, inocentes casi siempre, como los niños.

Había, pues, como se ve, por todo lo que venimos diciendo, causas suficientes de ruptura entre Artigas y Alvear, entre los hombres de Montevideo y los de Buenos Aires.”
Ezequiel De Rosso, Relatos de Montevideo
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